jueves, 29 de marzo de 2012

Todo es cuestión de confianza

El otro día, cuando quedé con mi amigo Rubens, estuvimos manteniendo conversaciones muy enriquecedoras, y muchos de los temas que tratábamos estaban relacionados con “la confianza”, así pues, he decidido sacar del cajón a pitufo filósofo para que escriba hoy esta entrada clásica, como no, del jueves para filosofear un poco sobre el tema, que algunos lo echaban de menos. Según la Wikipedia, la definición de confianza es la siguiente:

La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo.” - Laurence Cornu, La confianza en las relaciones pedagógicas.

Todo es cuestión de confianza, toda nuestra existencia gira en torno a la confianza y desconfianza en los otros, también en nosotros mismos. La confianza se apoya en la esperanza y da seguridad, optimismo, bienestar y alegría. La confianza nos hace más fuertes, libres y mejores personas. Por el contrario, el recelo lleva al temor, al malestar y la insatisfacción. La duda, la inquietud, nos encadena, no nos deja actuar, dificulta que tomemos iniciativas, nos paraliza, sufrimos.

Se dice que la confianza es como un vaso de cristal, si se rompe aunque tratemos de pegarlo no será igual, y un poco de cierto es. Una vez que nos traicionan es difícil volver a abrirse hacia esa persona, pero lo que es aún peor, quizás nos cerremos a todos los demás. Todos pueden caer en el mismo saco, si alguien nos traicionó, seguro que todas las personas que encontremos en nuestro camino serán capaces de hacerlo también. Esta forma de pensar es claramente erronea.

La confianza implica reciprocidad. Vamos poniendo nuestra confianza en otro al comprobar que no somos defraudados y, al mismo tiempo, porque vemos que también somos objeto de confianza. Esperamos, porque estamos convencidos de que vamos a recibir. Damos, porque a nosotros nos han dado. El egoísta, el que sólo pide y nunca da, acaba con la relación. Cuando se establece una relación de mutua confianza se está firmando un pacto, y quien lo incumple decepciona, es especialmente grave cuando uno se aprovecha de que el otro confía en el.

En una relación amorosa, implica la mutua entrega. Por eso, la infidelidad, el engaño, duele tanto, porque se ha faltado en lo más profundo. Y volver a reestablecer la confianza es difícil, ya que se ha roto algo que es fundamental. Un ejemplo de los más clásicos: la traición, existen muchas maneras de traicionar a alguien, no solo con la infidelidad. Puede ser falsas promesas, mentiras, elecciones… Sin importar el motivo lo que realmente cabe preguntarse es, ¿vale la pena dar otra oportunidad a esa persona? Cada caso es único, hay que tener en cuenta el contexto en que se dan las circunstancias, los atenuantes de cada caso. Las explicaciones sin caer en justificaciones nos permiten tener una visión más amplia del hecho, y nos puede ayudar en nuestra decisión. La respuesta más clara es que hay que estar ahí para quien realmente está arrepentido y que con sus acciones nos demuestra su cambio.

Otro ejemplo: cuando un niño intenta dar sus primeros pasos y escucha de su padre y de su madre palabras de ánimo y de seguridad, expresiones que le transmiten confianza: “no tengas miedo, aquí estoy", “así se hace, muy bien”, “no te preocupes, confía en mí”. Y entonces, estimulado y con una sonrisa, comienza a caminar y verá que al final, en el extremo, se encuentran los brazos abiertos y protectores de sus padres.

Para tener confianza en los demás, es básico que confiemos en nosotros primero, porque si partimos de una mala base, proyectaremos sobre los demás nuestras propias dudas, lo que conducirá a vínculos complicados o malas decisiones en general. En algún punto debemos permitirnos abrirnos con aquellos que demuestren que vale la pena que nos entreguemos. Debemos tener cuidado con los vínculos que escogemos, ¿estamos con personas constructivas o destructivas?

En nuestra vida podemos encontrarnos con muchas personas que nos decepcionan, gente que creíamos de confianza para luego ver que no estaban ahí. Estas acciones desconcertantes tienen explicación, las personas cometemos errores, a veces estamos demasiado ensimismados en nuestros propios problemas o nos alejamos para no molestar. En todo caso, nunca hay que asumir nada y ante la duda preguntar. Está en nosotros decidir si una persona vale la pena o es hora de dejarla ir, también debemos comprender las limitaciones emocionales de los demás, no todo el mundo tiene la misma empatía o comparten los mismos valores que nosotros, por eso debemos entender a la persona antes de dar veredicto. Si queremos a alguien en nuestra vida debemos aceptarlo como es, si nos hiere, nos decepciona, podemos tener cierta tolerancia, pero todo tiene su límite, está en uno decidir qué es lo tolerable y que no.

Una forma de ver qué tan confiables son las personas a nuestro alrededor es ver si sus palabras se corresponden con sus actos, si cumplen con lo que dicen, si nos han demostrado que están ahí. Existen dos grupos de personas, las características de cada uno son:

-Las personas que llegan a considerar a los demás como amenazas, por lo tanto, mantendrán sus sentimientos escondidos, estarán alertas y a la defensiva. Buscarán rodearse de sujetos que sean lo más parecidos a ellos y buscarán generar relaciones sin compromiso.

-Las personas que optan por creer en la honestidad de los otros, suelen ser más positivas en sus vidas, expresan libremente sus emociones y tienen un alto grado de empatía. Intentarán rodearse de personas fieles a estas ideas y crearán relaciones profundas.

Nuestra confianza es un regalo, a veces se la damos a las personas equivocadas, a veces desconfiamos cuando no hay razón para hacerlo. Es complicado saber qué camino seguir, pero una buena guía es ser fiel a uno mismo, cuando hay un vínculo o situación con alguien que nos genera dolor por alguna razón, lo mejor es hablarlo, tener la mayor cantidad de elementos objetivos para poder tomar una acción coherente. A veces la mejor opción es perdonar y brindar una segunda oportunidad, a veces perdonar y dejar ir a esa persona que no supo valorarnos lo suficiente. Hay que intentar ser un juez justo tanto con uno mismo, como con los demás, la decisión final siempre está en nuestras propias manos.

En definitiva, con esto vamos a terminar la entrada de hoy. Ya que esta entrada, como todas las filosofadas mías, es un poco espesa ya de por sí, y sobre el tema del viaje a Japón ya queda poco y os lo describo mejor el lunes que viene, junto a una entrada especial del Valle del Jerte, ya os contaré que tal ha ido, pero pinta bastante bien. Por lo demás, que ustedes pasen bien el fin de semana, nos vemos la semana que viene. ¡A más ver!

“La confianza es entregarle a una persona el arma que te puede herir, pensando que jamás la va a utilizar en tu contra.”


Salu2


2 comentarios:

  1. Creo que yo soy una de las que de vez en cuando le gusta leerte estas paranoyas tuyas jjajjaja.Tienes mucha razon en todo lo que dices,pero como viene siendo normal,nunca suelo aplicarlas por desgracia,me puede el ansia viva!!!xDDD.
    Lo dixo,muy buena entrada!!!un placer leerte(y verte cuando se tercia)Un beso y abrazo fuerte!!!

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  2. A ti y a unos cuantos mas les gusta leer las filosofadas infumables que escribo, es bastante curioso la verdad...xD.

    Si tienes razon, te puede el ansia muchas veces, menos mal que me haces caso de vez en cuando, creo que ya te debe aparecer un pequeño Jorge en el hombro que te dice que hacer en algunas situaciones cuando no estoy verdad? jajaja.

    Pues eso, el placer es mio porque me leas, y para ti tambien un fuerte abrazo!

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