lunes, 27 de febrero de 2012

Oktoberfest en febrero...Why not?

Saludos, aquí estamos de nuevo después de un fin de semana bastante curioso y entretenido, lo digo más que nada porque, por alguna extraña razón más allá de mi comprensión, he asistido a un Oktoberfest en pleno Febrero; lo más correcto debería ser que lo llamaran Februarfest o algo así, pero desde luego así perdería el gancho comercial. La cita en este particular “Oktoberfest” se produjo el sábado tras haber quedado para asistir a tal magno acontecimiento en buena, y agradable compañía. Nos encontramos en el exterior de Getafe Centro, ya que la carpa que habían montado estaba justo al lado de la estación del tren (lo tienen todo pensado).

Tras estar un rato de charla, nos adentramos en el interior de la carpa, todo decorado al más puro estilo alemán y con la también clásica música de fondo. Mi idea era empezar a cervecearnos brutalmente, pero a mi acompañante le pareció que una jarra de un litro de cerveza de trigo era excesiva, así pues empezamos con un par de jarras de medio litro quitándome la ilusión (en fin, otra vez será…).

Después de estar un par de horas brindando (cada vez que nos lo indicaban desde el escenario…), pateando el suelo de tablones y echándonos unas risas de buen rollo, decidimos irnos hacia la Calle Madrid a tomarnos las últimas cañas, para poder hablar tranquilamente sin tanta música cervecera de fondo y pasando el resto de la noche entreteniéndonos como buenamente sabíamos.



El domingo fue bastante más tranquilo: simplemente comida familiar en casa de mi abuela para comer unas migas como sólo una abuela sabe hacerlas, y ayudar a mi hermana a hacer invitaciones para su boda, el plan perfecto para una tarde de domingo (nótese la ironía…). Así pues, sin enrollarme mucho más, vamos con una nueva entrada sobre el séptimo día de viaje tokiota.

Día 7 – ¿El ayuntamiento de Tokio es un Transformer?

Nuevo día, nuevo destino, y la misma rutina de todas las mañanas, salvo que ya últimamente JD no bajaba a desayunar, la verdad no sé como podía aguantar hasta la hora de la comida sin comer nada, supongo que el Calpis o bebidas energéticas de las máquinas expendedoras le aportarían los nutrientes necesarios…en fin, a lo que iba, nos pusimos en marcha, y tras salir del tren casi perdimos a nuestro Líder y a Javi. Luego vi un curioso autobús con publicidad de Gundam, no podía faltar una foto para inmortalizarlo.




Como dijimos en la habitación antes de partir, ese día iba a ser el más friki a nuestro leal entender, ya que después de visitar el ayuntamiento de Tokio íbamos a ir a la tienda oficial de Square-Enix. Primera parada: ayuntamiento de Tokio, un gran edificio con otro mirador para sacar decenas de fotos  (lo único que éste era gratis): simplemente había que pasar por un control abriendo la mochila para que viesen lo que llevabas, montar en el ascensor y punto, ya estabas en el mirador. Desde fuera nuestro guía Razi, nos dijo que si observábamos detenidamente, podríamos ver la cara de Optimus Prime en el edificio, y que en tiempos de crisis se convertía en un transformer de la hostia…mirad la foto y opinad vosotros mismos… Desde el mirador se podía ver el parque Yoyogi y el hotel de la película “Lost in translation” como las cosas mas reseñables.










Tras salir del ayuntamiento tocaba ir finalmente a la tienda de Square-Enix, pero antes dimos un agradable paseo, pasando por un parque donde vimos por primera vez algo totalmente espectacular y que no habíamos visto por ningún lugar de todo Tokio, y se trataba de unas PAPELERAS. Sí gente, ni una maldita papelera verás en ningún lugar de Tokio y tal vez, en todo Japón, pero ahí estaban, un par de papeleras, todo un hallazgo. Seguimos caminando y me llamo la atención ver los particulares “scalextric” que hay en Tokio, como se lo trabajan para mantener autopistas en tan poco espacio.






Terminamos llegando a nuestro destino, donde hay todas las frikadas imaginables sobre Final Fantasy, Dragon Quest, Kingdom Hearts, etc. Allí compré un chocobo de peluche para el hijo de un compañero del trabajo y amigo (guiño, guiño) y pensé en comprarme también un llavero, pero al final se me quitaron las ganas porque era demasiado grande para mi gusto, pero eso sí, rapiñé un abanico, y todas las cosas que pudiesen llevarse gratis como obsequio. Mis compañeros compraron también alguna que otra cosilla, sobre todo JD, que tuvo una suerte del copón con las figuras aleatorias que se había comprado.





Después de esta visita friki, nos fuimos a comer, y como siempre los mismos juntos. Como el día anterior me pedí Katsudon ya que me había encantado, pero antes estuvimos viendo un poco las calles estrechas donde estábamos, donde alguna que otra persona se le ocurrió la feliz idea de entrar a un local de Pachinko a sacar alguna foto… en fin, la llamaban “peligro”… 




Después fuimos a Ikebukuro, el destino de la tarde era ir al museo de Toyota Amlux, pero por cosas del destino y de la mala suerte, estaba cerrado porque tenían fiesta (los japoneses casi nunca hacen fiesta, manda huevos que ese día en concreto les diera por ahí), así pues nuestro guía improvisó y nos llevó a tiendas como Animate a ver frikadas, aunque yo personalmente no miré mucho. Luego estuvimos un rato viendo como la gente se arremolinaba alrededor de dos niñas monas, deberían ser algunas Idols o algo así ya que había un tío todo el rato sujetando un cartel donde ponía “fotos NO”. La verdad no me llamaron la atención lo mas mínimo, lo que sí me la llamó fue la que estaban liando a su alrededor.




Después de pasar la tarde volvimos de nuevo al Edoya ya que esa noche se decidió ir a cenar a un Izakaya. Por lo visto el grupo de Adri había conocido a un español en algún momento de su viaje de ida a Tokio y habían quedado con él para cenar; así pues probamos la experiencia, que es ni más ni menos como ir de tapeo: van trayendo raciones que pides y el bebercio. La verdad es que salía muy caro en relación a lo que comías, aparte de colocarnos en el punto más profundo del local (suponíamos que para no molestar con nuestro berridos de extranjeros bárbaros…) y  lo cierto es que no disfruté mucho de la cena, tenía un dolor de pies insoportable y no me sentía muy animado por el cansancio. Así pues cuando dijeron que se iban a ir a la zona de fiesta en Tokio (creo recordar que a Roppongi) pasé de forma rotunda, ya que ni tenía el cuerpo para trotes, ni me gusta el ambiente de discotecas… no me divierte nada y lo único que consigo es que se me ponga cara de mala leche y de amargado, y pasaba de que me vieran así.

Así pues, pese a que me intentaran convencer me volví al hotel, me acomodé en el sofá de la habitación y puse la tele aunque no entendiera ni jota, incluso agradecí tener el primer momento de soledad y tranquilidad en tantos días. Poco tiempo después aparecieron los Aeroflotienses en la habitación, les dije que como hubiesen vuelto por hacerme compañía les mataba (en serio), pero resultaba que la habían liado parda con los tornos del tren y decidieron volverse a estar de cervezas un rato en la sexta. Más tarde descubrí que la zona de “marcha” entre semana está desierta, el resto que se fue de fiesta con el otro español se volvió poco después al encontrar todo cerrado, es más, se tuvieron que volver en taxi porque el transporte publico les cerró, y en Japón, cuando se cierra el tren se para esté donde esté, sacando y tirando a los pasajeros a los andenes si es necesario. Así pues, no me perdí nada en definitiva y dejé reposar mis pies un poco, que realmente lo pedían literalmente a gritos.

Y hasta aquí la entrada de hoy. No me entretengo mucho más; a cuidarse y todas esas cosas que se suelen decir… nos vemos en la próxima.

“Juzga a un árbol por sus frutos, no por sus hojas” – Eurípides

Salu2

PD: Mención especial y agradecimientos a mi compañera. Ahora podréis leer el blog sin temer al sangrado de ojos extremo. Muchas gracias :)

miércoles, 22 de febrero de 2012

Yo, yo mismo, y Soledad


Saludos gente, aquí vamos con una nueva entrada, y con otra nueva y maravillosa reflexión sacada de mi turbulenta cabeza (¿otra?, si, otra…), la de esta vez es mas bien motivada por un compañero el cual echa de menos a esta vieja amiga y la necesita desesperadamente, y que de paso yo también me estoy aplicando cierta dosis que me viene estupendamente, y esta amiga en particular se llama “soledad”, si gente, la soledad deseada. A día de hoy, la soledad, es catalogada como un mal que recae sobre el ser humano, el cual empuja hacia la tristeza, angustia y/o depresión, apartando así los variados beneficios que la misma realmente trae consigo. La soledad nunca ha sido bien vista socialmente, por lo general es extremadamente criticada, es decir, que si una persona expresa haber tomado la decisión de estar “en soledad” o ser “solitario” por un tiempo puede llegar a ser considerada directamente como antisocial, amargada u ermitaña.

Una persona que realmente “está sola” es aquella que no mantiene comunicación con otros individuos, o percibe que sus relaciones sociales no son satisfactorias y decide por si misma apartarse de ellas. El verdadero problema no se encuentra en la soledad en si ya que, puede llegar a ser muy creativa e inspiradora, sino el hecho de “sentirse solo” es el que genera la tristeza, angustia, ansiedad y demás. Tomemos un ejemplo: El clásico “No puedo estar sin él, pero tampoco con él”, esto significa que el hecho de extrañarle se debe más a la soledad que le produce la ausencia de la otra persona que al verdadero deseo de estar junto esta. Cuando se toma la decisión de separarse en una relación por cualquier motivo, luego de un tiempo uno de los dos puede arrepentirse y querer volver a la relación, pero cuando lo hace irremediablemente vuelve a estar mal, lo cual se debe a que la nueva oportunidad no fue incitada por cariño, amor o recapacitación sobre los errores cometidos, sino por el sentimiento de soledad que tiene dicha persona.

Disfrutar de la soledad nos ayuda a crecer y a madurar como individuos, no hay que avergonzarse ni tener miedo de ir a sitios solo, es más, las personas solitarias siempre llaman la atención por ese cartel invisible que dice “hoy no necesito a nadie conmigo”, no por el hecho de no ir acompañadas. También hay que buscar el silencio, cuando se toma con el ánimo correcto, la soledad hace renacer los deseos de explorar el mundo, renace en ti la curiosidad por lo desconocido y el ansia de libertad. Tener esos momentos de soledad es imprescindible para ganar ese espacio de reflexión que en la vida cotidiana se torna imposible, hay que conectarse consigo mismo para poder redescubrirte como persona. Y también y quizás mas importante, escucharse a si mismo, buscar un lugar apartado en donde la naturaleza esté presente, dejar de lado toda preocupación y permitir que la mente se oiga a sí misma sin ninguna interferencia. Mirarse por dentro y descubrir con calma quien se es en realidad, recordar cuales son las cosas de las cuales se disfruta, proyectos por cumplir y sobre todo que es lo que se quiere de la vida. La “soledad deseada” es algo positivo y que nos ayuda a ser optimistas. Es por ello que es bueno crear esos momentos de soledad, estés o no en una relación, o con alguien especial, es algo que te llena de plenitud y renueva la salud emocional y mental.

Yo personalmente, me estoy tomando una pausa, un paréntesis emocional, siento que últimamente e perdido un poco el rumbo y la esencia de quien soy realmente, mi “yo” interior así me lo indica. Cuando me sentía encerrado por muros, que no te dejan dar ni que se vea lo mejor de uno mismo, te cuesta vislumbrar al verdadero “yo” que habían limitado, pues te vuelves una sombra de tu propio ser. Finalmente salí de la curva que me había expulsado a la gravilla de la cuneta, y vuelvo al firme asfalto con adherencia y la potencia que da la experiencia. Mientras mucha gente discute, ignora, o se enfada con su “yo” interior, yo mantengo agradables y tranquilas conversaciones conmigo mismo ya que me conozco casi a la perfección, y de que mejor forma que, como por ejemplo: ponerme música en la cama y pensar tranquilamente, ir al pueblo y quedarme horas perdido en la Vega esperando que se ponga el sol, únicamente acompañado por el castillo a mi izquierda y mi mp3, ir a correr un rato por ahí, visitar nuevas ciudades desconocidas para mi y perderme por sus calles, etc. Múltiples combinaciones, infinitas posibilidades, absoluta libertad… Es más, alguna que otra vez e compartido estos momentos con alguna persona que quería que lo disfrutase conmigo, que lo probara, compartir ese momento de soledad deseada, si das con la persona indicada que sabe captar la idea, se disfruta el doble y se vuelve una experiencia única.


Por lo tanto disfrutar de la soledad no es ser un antisocial o un apático, tampoco significa que uno niegue una posible relación si se cruza en su camino ni conocer gente nueva e interesante, ni a negarse a salir a tomar unas cervezas con verdaderos amigos. Es simplemente aprender a quererse a si mismo, ser autosuficiente, definirse y evolucionar, hay que saber escucharse y entenderse, si no seguiremos sin saber quienes somos ni que queremos. Así pues os invito a probarlo a quienes no lo hayan hecho, y a volver a probarlo a quienes lo necesiten ahora, y a continuación, después de esta paranoia mental optimista (y los anuncios), volvemos con un nuevo capitulo del viaje a Tokio, vamos allá con el sexto día (esta entrada va a ser larga de narices…)

Dia 6 – Landmark y Chinatown


Como todos los días, el sol volvía a levantarse en el horizonte de Tokio mientras un grupo de cuatro españoles se despertaban en la habitación 306 dispuestos a seguir con su particular sueño nipón, y como todos los días, uno de esos españoles se iba derecho a la salita de fumadores mientras el resto se duchaban o depositaban la carga en nuestro particular microbaño. Como siempre, ese particular español bajó a desayunar con sus compañeros y acto seguido a proseguir con su fábrica de humo en la entrada cual chimenea industrial, salvo que esa mañana escuchaba en su propia lengua a otras personas allí mismo, pues si, había otro grupo de españoles en el Edoya, estuve hablando un rato con ellos, por lo visto iban a ir a Shibuya (el día antes estuve yo) y preguntaban algunas cosas para informarse.

Cuando llegó Razi nos pusimos en marcha, nuestro recorrido programado iba a ser muy duro, mis pies cada día iban a peor y ya me dolían desde primera hora de la mañana pese a que me puse un par de tiritas medicinales, pero nada iba a joderme el día, mantendría alta mi moral pese a todo el mayor tiempo posible. Nuestro recorrido en cuestión empezaba por el edificio Landmark, un centro comercial enorme y el edificio más alto de Japón. Tras llegar allí lo primero fue subir al observatorio (el Sky garden) en el piso 69 a (mmmh…), teníamos que hacerlo en el segundo ascensor más rápido del mundo, 45 km/h de velocidad, la presión se notaba en los oídos, la iluminación se tornaba como en una discoteca y una japonesa mona iba contando cosas pese a que no entendiéramos nada ni nos importase. En la zona del mirador nos liamos a hacer videos y fotos de las vistas como buenos turistas que éramos, después de un rato y unas cuantas conversaciones y fotos curiosas (¿Por qué demonios había un corazón enorme allí arriba?) bajamos de nuevo en el ascensor.


















Tocaba bajar a los 48 pisos inferiores, que es en si el propio centro comercial, allí las tiendas mas destacables que vimos fue una del estudio Ghibli y otra de Shonen Jump, no compre nada como era costumbre por supuesto. Luego llego la hora de comer, multitud de restaurantes donde hacerlo, pero como siempre fuimos al que nos recomendaba nuestro guía, mientras esperábamos la cola para coger mesa, me dio por invitar a comer ese día, ya que escuchaba por ahí que seria demasiado caro y el presupuesto ya se les estaba saliendo de cuentas, así pues invite a comer a las gemelas y a nuestro querido Líder, en ese restaurante es donde probé por primera vez el Katsudon, el plato japonés que mas me gusto.







Después de comer nos volvimos a reunir todos (como siempre) y nos dirigimos a dar un paseo hacia nuestro siguiente destino, que era un parque de atracciones próximo, en aquel lugar vimos recreativas retro (como por ejemplo una del Súper Mario), y la gente se monto en varias atracciones como una montaña rusa que se metía bajo un estanque, yo me quede abajo esperando ya que no era precisamente barato ni me llamaba la atención. Luego también se metieron en una particular casa del terror, a la que tampoco me apunte como Alex, ya que ese tipo de atracciones no me asustan y me huelo a la legua al tío disfrazado y a los mecanismos que hay para asustarte.













Después de las atracciones nos dirigimos hacia un parque próximo que había a la orilla del mar, yo me preguntaba porqué había tanto japonés bebiendo cerveza al aire libre, la respuesta vino mas tarde cuando vi que se estaba celebrando la “fiesta de la cerveza” al mas puro estilo alemán, o al menos lo intentaron.






Acto seguido de disfrutar de las vistas marítimas, nuestro nuevo destino era pasar por un estadio de baseball, pero eso era secundario, ya que el verdadero destino era China Town, tras andar un poco por el barrio empezamos a ver los típicos dragones chinos que danzaban entre la pirotecnia ( petardos a mansalva), que iban entrando y saliendo de los locales, supongo que para dar buena suerte, estuvimos varias horas por el barrio chino, visitamos varios templos, e incluso varios compañeros entraron en un museo de efectos 3D, yo me volví a quedar fuera de nuevo, con la compañía de Ela y Nani esta vez, e incluso agradecí quedarme fuera para descansar un poco los pies tirado en la acera. Después de dicho museo poco mas, algún templo adicional vimos y de vuelta al hotel

















Esa noche, en mi opinión, fue la más épica en la sexta planta. Tras comprar como venia siendo costumbre cerveza y nuestras respectivas cenas en la combini, nos subimos a la Sexta ya que nos esperaba una noche larga, debido a que había que poner lavadoras. Alex cogió una caja de detergente para todos, así pues nos íbamos turnando para usar las dos lavadoras y la secadora (que no secaba nada ya que el filtro estaba hecho una porquería). Y aquí es cuando empezó el desmadre, las cervezas iban cayendo y la gente (yo incluido) empezaba a desfasar: Súper guerreros nivel 5, gente midiéndose la tensión mientras se atragantan y ahogaban con la cerveza, coñas y risas sin parar, turbiez por doquier…yo por mi parte dije que me iba a probar el Ofuro de los baños comunes (el Ofuro es una bañera termal tradicional japonesa, y esta estaba al aire libre), algunos dijeron que luego iban a venir a la sauna o incluso a meternos en la bañera con cervezas, pero solo vinieron un par de japoneses a joderme el relax, asíque me volví con esta gente después de mi baño, cabe destacar que me sentó de maravilla, totalmente recomendable.

Después de eso, y como aún había lavadoras que poner y teníamos para rato, Nani dijo de ir a comprar mas cerveza, al final me ofrecí voluntario para ir a acompañarla, pero también se vinieron JD y Ela, lo mas curioso era, que habíamos decidido ir a comprarlas con los yukatas y las zapatillas del hotel puestas, total, ¿que nos iban a decir los japoneses?, mientras JD y Ela se quedaban fuera de la combini como unos “loser”, Nani y yo fuimos los únicos con narices para entrar sin ningún pudor ni vergüenza. Luego volvimos de nuevo al hotel para seguir de buen rollo mientras nos quedábamos nosotros cuatro solos, y fue ahí, mientras fumaba en el linde de la terraza, cuando ya se empezaron a ver ciertas cosas que indicaban que acabaría pasando algo y el comienzo de ralladas infinitas… (Masajear melenas ajenas no es algo muy común…) mientras esperábamos que, de una vez por todas, nuestra ropa se secase y terminasen las lavadoras para poder irnos a la cama.

Y con esto el fin de la entrada de hoy, se que es realmente larga, lo admito, pero espero que os guste al fin y al cabo. Por lo demás nos vemos ya para la siguiente, a cuidarse.

"La soledad deseada es la mejor compañía, al fin y al cabo, quien mejor que nosotros mismos para confiar al 100%"

Salu2