El sábado me desperté con el sol dándome en la cara a primera hora de la mañana, la noche anterior se me olvido bajar la persiana ya que el viernes fue un día lluvioso y nublado, y no pensé que al día siguiente iba a estar tan despejado. Este fin de semana ya había decidido que iba a ser tranquilo y de relax, no iba a salir por ahí, tenia varias cosas que debía hacer, como terminar un dibujo en photoshop. Pero al ver el buen día que se había quedado, decidí hacer algo que no hacia desde hace muchos meses, salir a correr. Así pues me vestí, cogí las llaves del coche y me dirigí al Parque Polvoranca, que se sitúa en mi misma ciudad a unos 15 minutos en coche. Hacia mucho tiempo que no pasaba por allí, desde que era un niño de 12 años en bici con mi padre creo recordar, en pleno invierno el parque no esta en su momento mas vistoso, la hierba esta seca y los árboles desnudos, pero desprendía un cierto aire otoñal que a mi me encanta.
Llegue sobre las 10 de la mañana allí, estaba motivado a correr por esos caminos aunque sabia que terminaría reventado gracias a mis pulmones de fumador, pero no se, me sentía con ánimos y ganas e iba a aprovecharlo. A esas horas lo único que se oía era el canto de algún pájaro, todo estaba en calma y silencio, cosa que agradecía, mientras iba haciendo mi recorrido me cruzaba con mas gente que iba de paseo, en bicicleta, o también corriendo, mas tarde según iba pasando la mañana empezaban a aparecer las parejas con sus hijos para pasar la fría mañana con ellos jugando al futbol o al badminton, o simplemente disfrutar de un tranquilo y agradable paseo en familia.
Tras llegar al lago, seguí el recorrido rodeándolo, mientras iba por allí me paré un momento, ya que se me vino una imagen a la cabeza al ver unas peculiares escaleras que ascendían hacia la parte alta de una de las lomas, no pude evitar sonreír para mis mismo mientras variaba mi rumbo para subir por ellas:
Tal vez sea que tengo demasiada imaginación, pero a mi me recordó a esos caminos ocultos en mitad de la nada que vi en Japón, concretamente los que había en Nikko o en los templos de Kamamura (al final de todas las escaleras infernales, en lo mas alto, donde gane mi apodo de “maldito fumador”), aunque no debía hacerlo, me detuve un rato en un banco donde daba el sol, a recordar durante unos momentos lo que sentía esos días en Nikko y Kamamura, reanude la marcha mas motivado aun, aunque eso si, mas suavemente.
Finalmente llegue de nuevo al coche, no demasiado cansado, pero si me quede dentro escuchando música durante un tiempo para descansar, mientras que pensaba lo bien que me sentía. Dicen que el deporte hace que te sientas mas feliz y contento, suelo ir a la piscina o gimnasio de vez en cuando y e de decir que si que es verdad, pero este paseo si que me sentó verdaderamente bien, a ver si me animo y lo repito mas veces.
Y bueno, aunque se alargue un poco mas de lo normal la entrada y lo prometido es deuda, voy a contar lo que fue el segundo día de mi viaje a Tokio, allá vamos:
Día 2 – Descubriendo Akihabara
Tras pasar por los controles, y que un simpático nipón de la aduana me abriese la maleta en busca de a saber que, me reuní de nuevo con mis compañeros Aeroflotienses para encontrarnos con nuestro guía, Razi, que nos esperaba fuera. Tras identificarle, fuimos a el mientras le pedían también pasaporte, le debieron ver cara sospechosa, pero nos dijo que era muy común que pidiesen la documentación a extranjeros.
Nos dirigimos a la entrada del tren que nos sacaría de Narita para llegar a nuestro hotel, Razi nos dio nuestras tarjetas-monedero PASMO y nos indico que durante el trayecto subirían al tren los demás compañeros de viaje que habían llegado en vuelos previos. Así conocimos a Adri, Nuria, Javi, Selfedin y Leire, nos saludamos y charlamos entre todos un poco para romper el hielo.
Tras aproximadamente una hora de tren, ojeando la Razi-guía , llegamos a nuestra parada en Ueno Station (creo recordar que era Ueno…) y fue entonces cuando lo sentí, al mirar a cada lado, que finalmente estaba en Japón, estaba en Tokio, y de mi cara no se podía borrar la estúpida sonrisa que tenia al no terminar de creérmelo, como yo creo que estábamos todos mas o menos. Tras 15 minutos andando por las calles tokiotas, llegamos al hotel Edoya, donde pasaríamos allí nuestra estancia.
Mi habitación era la 306, la mía y la de Carlos, Alex y JD, tras meternos un duchazo rápido en el micro-baño, nos dirigimos ala recepción del hotel donde habíamos quedado con el resto y nuestro guía para que nos llevase a comer. Ya en el restaurante disfrutamos de nuestra primera comida nipona, allí enseñé a Ela y Nani a defenderse con los palillos, y probamos las Giosas entre otras cosas, a las chicas parece que les gustaron bastante estas empanadillas extrañas.
Tras la comida, lo único que íbamos a ver esa tarde era Akihabara, la meca de cualquier Friki, me sentía abrumado al ver todo lo que había en esa calle, llena de tiendas de electrónica y frikadas hasta donde alcanzaba la vista, las fachadas de los edificios estaban decoradas con anuncios de series de anime, y incluso me quede flipado cuando vi un trailer que únicamente anunciaba la serie Fate/Zero.
Durante la tarde algunos jugaron a recreativas japonesas, entramos en variadas tiendas a ver que tenían (algunas de dudosa ética), y finalizamos la tarde en una tienda de segunda mano (Ebooks creo que se llamaba), allí nos separamos de Nani y Ela ya que se perdieron entre la bastedad de estantes, las esperamos un rato fuera en la calle con Carlos, Alex, JD y Adri hablando de lo hechos polvo que estábamos pero entre risas y bromas, pero las gemelas no aparecían, por lo que decidimos volver. Aun recuerdo que Nani me dijo que me había llamado al móvil para ver donde estábamos, pero durante todo el viaje lo tuve en “modo avión” asíque además de salir como apagado le salto el buzón de voz, seguramente se acordó de toda mi familia en ese momento.
Y terminamos comprando la cena en una Combini para llevarla al hotel y cenar allí con todos, creo que fue la única noche que estaríamos todos juntos en la Sexta (en futuras entradas comentare mas sobre esta mítica sala del hotel), estuvimos charlando bastante animados entre todos, comentando las impresiones del día, pero lo realmente importante empezaría al día siguiente, cuando de verdad íbamos a comenzar a descubrir la magia de Tokio.
Fin de la entrada de hoy, os dejo como siempre con una frase alentadora:
“Fe, alegría, optimismo. Pero no la sandez de cerrar los ojos a la realidad”. - San Josemaría Escrivá De Balaguer
Salu2
PD: No pondre fotos de la gente del grupo ya que desconozco si quieren o no aparecer en el blog
Muy buena esa de que has ido a correr, pero ya sabes, mejor correr 20 minutos todos los días que meterse una paliza de una hora cada mucho....
ResponderEliminarY ya te imagino a tí en la calle esa llena de frikadas, con las pupilas dilatadas como botones, con las cejas por encima de la cabeza de la impresión como los mangas jajaja, pero bueno, era uno de tus sueños y lo has cumplido, enhorabuena cabrón xD
Fmdo: el de siempre
Yo creo que dentro de poco, cuando haga mejor tiempo, deberias ir para alla con tu churumbel a pasar el dia, muchas gracias por tus comentarios como siempre jefe!
ResponderEliminarPues si, algún día me acercaré con el peque, que no veas como le gustó lo de dar de comer a los peces y a los gansos, hasta que vieron que no tenía más pan y tenían pinta de ir a atacarle!!! jajaja, le tuve que sacar de ahí porque ya empezaban a rodearle, los gansos de ese parque son unos pandilleros!!!
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