A veces, los ganadores no son aquellos a los que todo el mundo aplaude y reconoce. No son los que construyeron grandes obras o fueron grandes líderes. De vez en cuando los ganadores no son administradores geniales, ni los visionarios del futuro. Por esto, tal vez, no los reconoceríamos en medio de tanto pensador o filósofo, que supuestamente conducen a este mundo por la senda del progreso. A veces el ganador no es el negociador internacional, o el creador de empresas de clase mundial, o el deslumbrante estadista que asiste a reuniones importantes.
No es el que se afana por importar mucho, sino el que se importa a sí mismo, porque el ganador puede ser el que silenciosamente lucha por hacer el bien, aunque no sea un gran orador o un brillante diplomático. El ganador puede ser igualmente el que venció la ambición desmedida y no fue seducido por la vanidad, la fama o el poder. Es ganador el que aunque no haya viajado mucho, con frecuencia hace travesías hacia el interior de sí mismo para darse cuenta de las posibilidades de su corazón. Es el que quizás nunca levantó con arrogancia su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó calladamente entre sus más allegados.
Es, quizá, el que nunca escribió libros, pero sí cartas de amor. De vez en cuando el ganador no es el que tiene una maravillosa oficina, ni una secretaria tremenda ni posee tres carreras, pero su vida tiene un sentido, hace planes y tiene tiempo para la gente que le importa, encuentra fascinante disfrutar de la vida. A veces el ganador no es el que pasa a la historia, sino el que hace posible la historia, el que encuentra gratificante convencer y no el hecho de vencer, el que de una manera apacible y decidida hace de este mundo un mejor lugar para vivir. Es el que sabe que aunque sólo viva una vez, si lo hace con maestría, con una sola le bastará.
En ocasiones, el ganador no es el que tiene un Iphone , es el que habla cara a cara con la gente, no tiene Facebook, pero conoce y saluda a los que conoce, no ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio interior, y sin haber realizado grandes obras arquitectónicas, supo construirse a sí mismo y fue el cómplice de su propio destino. Tal vez el ganador sea el que con esfuerzo saca a su familia adelante mes a mes, el que lucha con ganas por recuperarse de una lesión en el hospital, el que no le da importancia a un desfile de moda cada día, o el que aunque esté en el paro, piensa en proyectos de futuro y en modelos de negocio.
Día 8 – Viviendo la magia de Ghibli
Otro día más para explorar las maravillas que escondía Japón levantándome de mi futón bastante descansado tras la noche de relax anterior, pese a que fuera una noche de conversaciones y consejos. Así pues la misma rutina matutina de siempre (de la cual siempre hablo) nos pusimos en marcha hacia Mitaka, ¿el motivo?, visitar el museo del estudio de animación Ghibli.
Nada mas salir de la estación de tren, ya se podían ir viendo cosas del propio museo que indicaban el camino a seguir, incluso había un autobús que llevaba allí directamente, pero que mejor que ir caminando viendo todos esos pequeños detalles que se le ofrecen al transeúnte, como carteles de “cuántos metros faltan para el museo” con la cara de Totoro, o las pisadas pintadas en el suelo.
Tras unos quince minutos andando, llegamos al parque donde en su interior, se encontraba el propio museo. Las entradas ya las compró nuestro guía hace muchos meses atrás, y habíamos llegado demasiado pronto allí, así pues dimos un paseo por el parque colindante. La verdad es que estaba un poco seco, pero tenía su encanto; además había muchas mesas de madera donde sentarse y que supongo que los japoneses utilizarían para ir a comer con la familia en un día de campo. Allí aproveché y saqué mi cenicero portátil para fumar un poco ya que allí no molestaba a nadie con mis barritas de cáncer.
Después de estar un rato sentados alrededor de las mesas antes citadas charlando amigablemente, llegó la hora que teníamos fijada para entrar en el museo y nos dirigimos hacia su entrada. Lo más gracioso es que en la propia entrada ya te indicaban en un cartel que no se podían hacer videos ni fotos dentro del museo, pero sí en sus exteriores. Una vez dentro es como si te transportases a los mundos de las películas de Ghibli, no sé cuántos de vosotros que estéis leyendo esto habéis visto alguna película de este estudio, pero yo hasta que visité el museo solo había visto “El viaje de Chihiro”, “La princesa Mononoke”, y “Mi vecino Totoro”. Sé que muchas cosas que había me perdí su significado o a qué película pertenecían (aunque mas tarde descubrí algunas tras ver alguna película más), pero la ambientación del museo te envolvía, la música de fondo, el decorado, cada mínimo detalle, incluso en los baños… también vimos un corto de unos quince minutos de duración que sólo se puede ver en el propio museo, que a mí me relajaba bastante aunque no era capaz de quedarme media hora viendo cada cosa. Al final la mayoría terminamos de ver el museo en aproximadamente dos horas, mientras que las gemelas y Adri salieron una hora después.
Tras el museo nos dirigimos a las galerías comerciales de Nakano Broadway, allí íbamos también a hacer la parada correspondiente para alimentarnos, así pues los Aeroflotientes acompañados por Razi, decidimos probar un restaurante de shusi giratorio que nos había recomendado. La verdad es que me resultó una experiencia muy buena, nunca había probado el shusi (en condiciones) y descubrí que me encantaba, y que además era muy barato si no ibas a por las “delicatessen”, os explico como funcionaba: te sentabas frente a una cinta donde iban pasando platillos con una pieza de shusi cada uno, además tenían un monitor táctil encima para pedir alguno en especial que te traía un pequeño tren (la Yamolite line) hasta donde estabas sentado. Según el color del plato cada unidad valía un precio: los azules eran los mas baratos (100 o 200 yenes) y la verdad es que yo terminé de comer hasta arriba por unos 1500 yenes creo recordar.
Después de la comida decidimos dar un paseo por el centro comercial, ver tiendas frikis, mangas y cosas de esas. Como Nani no había comido nada ya que no le gustaba el pescado crudo, se fueron las gemelas, JD y nuestro Líder al Mc´Donnals a coger una hamburguesa mientras Alex se perdía por ahí, y yo me iba al estanco a comprar tabaco (el de liar se me había acabado y tenia que tirar de Marlboro japonés) y ya de paso me fumaba un par de cigarros, ya que los estancos allí tienen sitio habilitado para ello donde decenas de nipones se arremolinan junto a un cenicero. Cuando volví hacia el Mc´Donnals había un ambiente bastante raro, mientras un par se tiraban bolas de papel, otros hundían sus cabezas entre sus brazos… yo no sé porqué, ya sabía que pasaba, pero no era asunto mío.
Tras otro rato haciendo el canelo por allí se nos hizo finalmente de noche (aunque en Japón anochece a las cinco de la tarde) y nos reunimos de nuevo todos para ir a nuestro siguiente destino, el festival Oesiki (creo que se llamaba así): un festival clásico nipón. Después de un buen rato embutidos como sardinas en el tren de la hora punta, salimos al exterior para ver el festival, estuvimos un rato observando como pasaban esas cosas con forma de calamar y después de un rato empezamos a subir calle arriba para ver los tenderetes de comida y cosas de esas típicas de los Matsuri. Allí yo me comí un pez relleno de chocolate, un clásico friki, mientras Ela y Nani conseguían tres peces pescándolos con una red de papel (otro clásico, solo les faltaba llevar Yukatas) que finalmente regalaron a un niño que pasaba por allí.
Ya después de todo esto volvimos al hotel. No hicimos nada especial en la sexta pese a que nos subimos un rato; únicamente, y de forma personal, yo seguí aconsejando lo que buenamente podía algún que otro tema junto a otro más que se había añadido al debate, ya que había señas demasiado evidentes de alguna que otra cosa, pero vamos, que ni por esas parecía convencerse el sujeto en cuestión. Por todo lo demás aquí acabamos con otro día de viaje, ya va quedando menos. Hasta la próxima entrada.
“Si hago una buena obra, me siento bien; y si obro mal, me siento mal.” - Abrahan Lincoln
Salu2

Los jueves son tus dias de filosofeo??jjajaja,es broma,me gustan mucho tus reflexiones,y esta en especial porque me hace sentir como una campeona!!!
ResponderEliminarDe las peliculas que has dicho solo e visto la de Mononoke,ya me diras cuales me veo ;D.Un besazo muuuu fuerte,sigue escribiendo!!!!
la verdad es que si...a mitad de semana me da por filosofear, no se porque, igual deberia de dejar de hacerlo ¿no? xD. No se me sentia animado y como un campeon, aunque sea para mi mismo, me alegra que te haga tambien a ti sentirte como una campeona.
EliminarCuando quieras te pasas por casa con un pen y te grabo las que quieras, o nos hacemos una maraton y las vemos...eso si, tu te encargas de las palomitas xD. Gracias por el comentario como siempre
Un pez relleno de chocolate?? anonadado me hallo! jajaja.
ResponderEliminarPues nada, hay momentos que comentas que te diste cuenta de ciertas cosas por el ambiente y tal, pero a los que no estuvimos ahí nos lo tendrás que explicar porque no tengo ni idea de sobre qué hablas!!
Por el resto muy bien, tenía muy buena pinta ese museo, y se me ha hecho muy raro que digas que porbaste ese día el sushi¿? después de una semana en Japón no lo habías probado? vivías dentro de una burbuja? jajaja.
Un abrazo y sigue así.
Fmdo: Kroneo
No todo es shusi cansino! xD, mira que te gusta trollear madre mia...y el pez es de galleta no un pez en si xDDD. Esque hijo mio, hay cosas que solo un sector entendera, sobre todo porque cuento mis vivencias de esos dias, pero no lo que le ocurria a mr. X o a ms. Y, se mantienen anonimatos ;). Gracias por comentar como siempre
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